"Tócame" de David Trashumante.


"Tócame". David Trashumante.
Edita: Asociación Cultural Crecida

La capacidad de un artefacto literario por llevarte al huerto, a su terreno (literario, o no, claro), suele relacionarse con su calidad. Pero has aprendido en muchas barras de bar que la seducción puede ser muy cabrona, porque suele fundamentarse en mostrar sólo como señuelo. Sin embargo, en la literatura, curiosamente, somos más idiotas que en los bares. No es extraño que, en el jardín sin flores del campo literario, se ensalce aquella literatura que consigue colarte una idea de "España" (véase Pérez-Reverte, y tantos), una idea de la soledad (véase Luis García Montero, y tantos), o una idea de... sin permitirte un juicio crítico, sino volando bajo el radar de tu análisis.

Así, la literatura permite que simpaticemos con ideas que, de ser explícitamente planteadas, criticaríamos. La emocionalidad es, entonces, un arma de manipulación.

Luchar contra esto, hay que reconocerlo, nos mete en un suelo fregado. Intentamos muchas cosas, a veces con acierto, pero no siempre. Trashumante se las ingenia para forzarnos una nueva: ni invitación, ni propuesta, David nos ordena.

"Tócame". Entras en una cacharrería, o en el campo de acción de una bomba de deflagración. Revientan metales y metrallas por todas partes. Buscas agarrarte a un hilo que le dé sentido, y fracasas. Explotan oralidades, poesías visuales, dobles juegos, jaques a la sintaxis, palabras metáforas quasares, y hasta verso de arte mayor medido al milímetro. ¿Y por qué? ¿Por qué aceptas ese juego y continúas leyendo? ¿Cómo lo ha hecho?

Ritmo.

¿Qué motor contiene este libro de poemas? Podría especular mucho al respecto, pero creo que sólo hay uno: sigues, porque quieres. Porque el ritmo no está en el libro, sino en ti. Es tu corazón lector el que te mantiene, porque, contra toda teoría poética, David desafía a tus propia fuerzas, porque confía en ellas. Confía en tu corazón. Puede escribir: "Mariano es un malfollado", "Paletos" u "Homo ignorens", porque sabe que esa energía que dejas escapar enfadándote en un atasco, contra un ordenador que no responde, o en una ventanilla de la administración, es vida a la que puedes dar sentido. Y te lo dice a ti. Y lo sabes. Y sabes que puedes gritar con él, porque no está ni por encima, ni por debajo, sino a tu lado.

Hay que manejar mucha honestidad para convertir eso en maldita poesía.

Pero si crees que estás en el concierto de rock de la poesía, y que saldrás de aquí sin conmoverte, como una suerte de autoayuda progre, te equivocas. Trata de leer "Papa para" y "No hagas leña" dos veces, y no reconocer que estás roto, que llevas a cuestas un roto.

Jodida, pero extraña y contenta.

Extraterrestre, y cotidiana.

La sencillez de una poesía humilde y transgresora, y, por ello, rica como pocas.



Blog de David Trashumante:

http://davidtrashumante.blogspot.com.es/


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